Bosques de Brañosera

El día amaneció gris. La niebla blanquecina nos acompañó hasta Dueñas y por fin en Palencia pudimos ver de nuevo los rayos de sol.

 

Tras la habitual parada para tomar café en Aguilar de Campóo, tomamos la carretera con dirección a Barruelo de Santullán, con la alegría y expectación de comenzar por fin la ruta en compañía de los ojancos.

 

El autobus se detuvo a las afueras de Barruelo. Preparativos, ¿hará calor, hará frío?. ¡¡Por fin en la Montaña Palentina!! Paso a paso comenzamos a adentrarnos en el bosque, iniciando una pequeña subida de 300 metros de desnivel. Cuando ya estábamos cogiendo ritmo, nos paramos para dar la bienvenida y presentar al Ojanco. Hay costumbres que no se pueden perder;  cuantas caras nuevas (mayores y pequeños!), amigos que vuelven y amigos de Intras que nos acompañan. Para acabar, unas pinceladas de la ruta y lo que nos esperaba lo largo del día.

 

Nos fuimos adentrando en el bosque, viendo como asomaba el otoño. Ocres, marrones, amarillos. A cada paso, un crujido.  El grupo caminaba ligero, haciendo alguna parada para observar detenidamente el espeso bosque y, esperar a los más pequeños, que iban disfrutando de los charcos, palos y piedras.

 

Nos desviamos para subir hasta un pequeño chozo donde aprovechamos para comer y descansar un rato mientras disfrutabamos de las vistas. Siempre me viene lo mismo a la cabeza “Que rico sabe el bocadillo en la Montaña”. Y la fruta, y el chocolate, las pastitas, y los dulces de Carmen!

Seguimos caminando, descendiendo por una pista bien marcada, hasta llegar a una senda que daba paso a un precioso bosque de robles y hayas. La senda discurría junto al río Rubagón, en el que se apreciaban algunas pozas, donde algunos dejaron volar su imaginación… El sendero llegó a su fin en el área recreativa “La Pedrosa” de Barruelo de Santullán.
Fué un espectáculo contemplar el Otoño.

A las letras: Irene

A los Mapas: Quico

A las fotos: Unos pocos Ojancos