Cien kilómetros tras la huella de Camille

Cuentan que Camille fue la última osa que pisó el Pirineo Aragonés. Cuentan que su ruta favorita la llevaba a recorrer grandes distancias entre los Valles de Bearn, Roncal, Ansó y Echo. También se dice que pocos años después, el Ojanco se atrevió a seguir sus pasos. Esta es la historia de una bonita expedición…

El martes 26 de agosto de 2014 aún no había salido el sol cuando 16 ojancos ponen rumbo a Pirineos: Cano, Aida, Alejandro AhoraCaigo, Carlos Matrán, Sergio, Javier y JaviJr Gurpeguis, Toño, Richi, David, Pako, Dani, Lourdes y Quico, Alma y Micaela (que nos acompañaron dos días desde su pueblo). Gabardito el punto de partida, y Zuriza el punto de llegada. Cien kilómetros que nos deparaban uno de los paisajes más bonitos jamás vistos. 
La primera etapa Gabardito-Lizara fue una pequeña esencia de lo que íbamos a encontrarnos durante toda la ruta: bosques, praderíos, rocas y picos, lugares espectaculares. La subida al Bisaurín (2.670 m) fue la guinda del primer día. Por la noche, comenzaba el gran campeonato de pocha, con bandas sonoras incluidas y, sobre todo, “bien, bien, muy bien jugado”. 
Como buenos montañeros, desayunábamos a las 7 h y en seguida en marcha. Pronto encontramos amigos con los que compartimos el camino y los refugios: la pareja de Valencia, el grupo de Getafe y dos francesas a las que perdimos la pista en Arlet. La segunda etapa fue Lizara-Somport. Cada una mejoraba la anterior. El Valle de los Sarrios, el Ibón de Estanés y la Chorrota (con emoción) fueron unos buenos exponentes del maravilloso paisaje que nos brindaba Camille.

Tras el descanso en el Refugio de Aysa (Somport) llegaban dos etapas perdidas en las montañas. La 
pernoctación tenía como destino el incomunicado Refugio de Arlet, donde nos bañamos en el Ibón del mismo nombre, por supuesto, al estilo Ojanco. Unas palomitas a lo Casillas y el baño “Matrán” hicieron del refresco un buen rato de cachondeo. De Arlet a Lescún nos acompañó la niebla, aunque no desmereció el paisaje que se intuía, pasando por el Puerto del Palo y el paso fronterizo por donde los franceses cruzaban camino a España, huyendo de la invasión alemana allá por la Segunda Guerra Mundial. Un lugar realmente emocionante. 
Las cenas iban in-crescendo, rico, rico, dentro de nuestro variado grupo de dietas especiales: vegetarianos, glutémicos, menús infantiles y chuletarianos. Las pochas subían la tensión del ambiente y todas las noches “cerrábamos el chiringuito”. 
Aquello se iba acabando. Lescún-Linza prácticamente iba a marcar el final de la Expedición 2014. Antes pudimos disfrutar de las Agujas de Ansabere, a la sombra de la Mesa de los Tres Reyes y del Collado de Petrachema. La gente iba fresca, y alguno hasta se atrevió a hacer sus pinitos corriendo. Linza nos recibió con un sol radiante, un baño en el río y unas sidras y cervezas; para vivir así es mejor no morirse nunca, como decía áquel. Gran ambiente por la noche, partida (esta vez mus) y gente nueva, mucha gente. Con la tristeza del que sabe que todo lo bueno se acaba, nos fuimos a dormir.

El último trajo de todo: los pobres que tuvieron que pringar para recoger los vehículos, los valientes que subieron al Maz, los que prefirieron descansar y los que acabaron hasta el último kilómetro planificado: dos valientes y un danzante. El mejor colofón, un baño en la poza de Zuriza.

Y aquí acaba este cuento, esta gran aventura, estos días inimaginables, estos 100 kilómetros tras Camille. Muchas gracias por venir a todos, sois grandes.

Un Ojanco