Cordal de la Montaña Palentina

¡4 picos, y lo que nos echen encima!

Quico y su mapa, Toño y su cámara, David y su ingenio, los Ojancos/as y la naturaleza…, partes que forman un todo, partes indivisibles.
Madrugón, toca levantarse que la montaña nos espera, rumbo: Cardaño de Arriba. Parada en boxes, y claro, sus correspondientes pinchos de tortilla, cafés y zumos de cebada. Proseguimos, ¡la montaña ya se huele, ya se siente!, pero llegan los primeros mareos; curva por aquí, curva por allá. Conduce el autocar Fernando Alonso, y a diferencia del motor de su McLaren, este sí corre. ¡Llegamos! Allí Quico nos espera, nos da la bienvenida a su paraíso, a su remanso de paz, la Montaña Palentina.
Nos calzamos los neumáticos de montaña, el sol nos acompaña así que dejamos el equipo de lluvia extrema en el garaje, y para arriba que fuimos, primer pico: El Lomas (2.444 metros). Llega la primera parada, hay que presentarse y como suele pasar en esta vida, una cosa lleva a la otra, y dado que cualquier lugar es bueno para aprender, surge un espontaneo y nada desdeñable monográfico (muy empírico y gráfico) sobre cómo actuar ante los escapes originados por problemas estomacales (sí, en efecto, hablamos de potas y diarreas) para ir abriendo boca. La marcha prosigue entre conversaciones, risas y caras alegres. De vez en cuando, se escucha el ingenio de David y el eco de sus bromas se mezcla con el de las sonrisas. Esas bromas que son como las estrellas fugaces, si no las coges, hay que dejarlas volar. El día transcurre con más calor de lo esperado, parada para hidratarnos, la cual aprovechamos para que Quico nos contase sobre la orografía que nos rodeaba (le va a quitar el trabajo a Wikipedia, aunque escucharle de viva voz es muchísimo mejor, nunca dejas de aprender a su lado).
De repente nos encontramos con nuestro conductor. Sí, sí, ahí estaba subiéndose el Lomas sin despeinarse. Si conduce presto, le tenéis que ver subiendo montañas, que no le seguíamos el ritmo, dice. ¡Y qué verdad! Así que pasito a pasito, suave suavecito, en el pozo Las Lomas que nos plantamos; lugar que merece la pena conocer. El estómago aprieta así que toca llenar el tanque un poco, seguimos hacía arriba. Algún resbalón y los consejos de dietética de Laura nos acompañaron hasta la cima del Pico Lomas. ¡Foto!, ¡Foto!, cuerpo a tierra y lo que haga falta, ¡este momento hay que inmortalizarlo! A partir de aquí, que si pa abajo, que si pa arriba, y así sin darnos cuenta nos almorzamos el Pico Cuartas (2.451 metros) y el Cebolleda (2.054 metros).
Nos lo habíamos ganado, así que tocaba comer, y si la sorpresa de ver a nuestro conductor subiendo la montaña cual lince parecía poco, resultaba que David había traído comida (un hecho insólito por los ecos de lo que se escuchaba). ¡Qué gran chorizo David!, tráelo más veces que yo pongo el queso.
En esta vida dicen que no hay dos sin tres, pero en nuestro caso vamos un paso más allá y no hay tres sin cuatro. Como lo oyen, pusimos camino hacia nuestra cuarta cumbre: el Pico Guadañas (2.248 metros) y allí que llegamos. Por el camino nos fuimos encontrando con personas conocidas (va a ser verdad que el mundo es un pañuelo y hasta yendo a la montaña te encuentras con el vecino). Así que, entre paradas, saludos y fotos, al Guadañas que llegamos.
Entonces, se empezó a oír algo de Murcia (del Pico Murcia me refiero), pero el cansancio ya apretaba a las piernas, 16 kilómetros y 1.200 metros de desnivel positivo lo atestiguaban. Estos picos forman parte de la Integral de Montaña Palentina y yo creo que la mezcla de cansancio, pero sobre todo de optimismo, hizo que surgieran ideas alocadas a la par que divertidas, como bautizar nuestra propia integral: La integral Ojanco (Pumori, Everest, Lhotse y Makalu), porque no hay reto, ni montaña, que los ojancos y ojancas no puedan superar.
En resumen, un gran día rodeado de grandes personas disfrutando de la naturaleza, ese pequeño gran tesoro que nos ha sido legado a la humidad para que lo disfrutemos, pero también para que lo cuidemos. Así que nada, parada en Puente Agudín que nos hemos ganado unas cervezas y regreso hacia Valladolid. Cansados, pero felices. ¡Hasta la próxima!

A las letras: Jonathan

A los Mapas: Silvia

A las fotos: Miguel, David y no sabemos si Toño S hizo alguna

Las de Quico Aquí

Las de Toño S Aquí