El Cervino leonés: El Gilbo

Subida al Pico Gilbo 05-11-16

Tras amanecer viendo diluviar y sentir la bajada de temperaturas, no parecía el mejor día para ir al monte; pero sólo ver la foto con la que nos presentaron el objetivo de hoy, y ese apodo de “Pequeño Cervino” hace que uno cambie de opinión y decida que si hay que mojarse, pues nos mojamos.

Tras una pequeña parada en Velilla: café, pinchó de tortilla y saludos varios, nos dirigimos a Riaño con la esperanza de que sean ciertas algunas previsiones de librarnos del agua.

Ya en Riaño y con la última incorporación al grupo de Rulus, que viene desde Asturias viendo ya las primeras nieves, nos disponemos a emprender la ruta.

Apenas recorrido medio kilómetro hacemos una pequeña parada para realizar una presentación entre los participantes (bonita y recomendable tradición) con diversas bromas que animan al personal.
Si ya había observado que el grupo estaba formado por gente de todas las edades, ahora descubro también los diferentes lugares de dónde venimos.
Además de Valladolid, hay gente de Madrid, Segovia, Zamora, Ávila, Cantabria…
Más bromas, está vez sobre como siendo de zonas tan montañosas acaban formando parte de un club de Valladolid, donde no son precisamente famosas sus cimas. Como imaginaba y pude comprobar después, el buen ambiente y simpatía del grupo hace que este club sea una gran elección.

Estando ya de camino al Gilbo hacemos una brevísima parada de reagrupamiento y que aprovechamos para desprendernos de alguna prenda de más puesto que ya vamos entrando en calor y a partir de ahora el camino discurre en un terreno mucho más empinado, lo que hará que se sobrecalienten los motores.

Tras una subida pisando un manto de hojas de un bonito hayedo y disfrutando los colores del otoño llegamos a un pequeño collado, aquí acaba el bosque y el paisaje se vuelve rocoso. Ese paisaje de montaña que tanto llama nuestra atención y nos hace sentir en otro mundo, lejos de la ciudad y la muchedumbre.

A partir de aquí nuestros ojos no dan a basto para disfrutar de tan bello paisaje: los picos, el embalse, la mezcla de colores de los bosques que nos regala el otoño….
al igual que se mezclan las conversaciones, haciendo comparaciones del paisaje con otros similares a los que nos recuerdan. Y así cada uno toma sus propias notas mentales de dónde realizar futuras rutas.

Se nota que nos vamos acercando a la cima, las vistas son preciosas, pero hay que prestar atención al terreno para evitar sustos, guardamos los bastones para tener las manos libres y encaramos los últimos repechos.

“Sólo veo una cuesta
y es un subir que no cesa
Cuál minúsculo insecto
que a la hierba trepa”

Llegamos, estamos a 1674m sobre el nivel del mar, acabamos de coronar el Pico Gilbo y las vistas no podían ser más bonitas, no sabe uno a donde mirar, es todo precioso.

Nos juntamos para una foto y aunque no dejamos de comentar la belleza del lugar también notamos el clima y decidimos que no podemos entretenernos mucho.

Vemos el cresterio que tenemos por delante y surgen dudas de si seguiremos por ahí nuestro camino o será demasiado peligroso. Por suerte tenemos a Quico como guía de hoy a un buen conocedor del terreno y de nuestras capacidades y lo superamos sin mayor dificultad para disponernos a descender de vuelta a Riaño, no sin antes buscar un buen sitio para disfrutar de ese placer que es un bocadillo en la montaña.

Después de la comida descendemos por una ladera mientras disfrutamos del bonito paisaje y comentamos lo divertido que está siendo todo.

Nos caen cuatro gotas que sólo sirven para recordarnos la suerte que hemos tenido de librarnos de la lluvia y nos adentramos nuevamente en el bosque para coger la pista que nos lleva hasta el autobús.

Excelente jornada que cerramos con un café en Riaño, comentando lo bonito del día y disfrutando una última vez de la bella estampa del Gilbo sobre el embalse.

Sólo se puede decir una cosa, y son las ganas de repetir.

Gracias a todos.

A las letras: Eric Arroyo Mediavilla (el de Cervera)

A las fotos: Irene, Miguel Ángel

A los mapas: Chema