La Herradura de Campoo

Sábado 22 de septiembre, Media Herradura de Campoo (Cantabria).

Misión- cuerda de cinco cumbres: conseguido

 

Eran las diez de la noche y  ya estaba nerviosa por la excursión, pero no lo pensé mucho ya que al día siguiente a las siete y media de la mañana salíamos desde la Feria de Muestras de Valladolid camino a Media Herradura de Campoo, pero bueno, ya estaba acostumbrada a levantarme pronto y no me importaba, y mucho menos para un viaje tan esperado como este.

 

 Al llegar, casi nos montamos en un gran autocar que había de otra excursión, pero nos dimos cuenta de que no conocíamos a nadie. Así que avanzamos un poco más y ya vimos nuestro mini bus, y podréis pensar…    “Pues vaya, yo prefería el grande” Pero, si os soy sincera, preferí en el que fuimos nosotros, era pequeñito sí, pero era muy cuqui como digo yo. Íbamos  todos hablando unos con otros y eso lo hacía muy acogedor.  No como un simple grupo de gente que va de excursión, si no como un equipo unido.

 

El viaje se me hizo corto. La mayoría acabamos dormidos, menos el conductor claro, si no…Tendríamos un problema jeje.

 Hicimos una parada un poco antes de llegar para desayunar, y arrasamos con todas las tortillas que había en el bar. 

 

Proseguimos con nuestro viaje hasta que en un momento nos vimos subiendo, y subiendo, y subiendo por un laberinto de carreteras por el que todos pensábamos que nos acabaríamos saliendo, pero acabamos llegando sanos y salvos.

Tuvimos tiempo suficiente como para prepararnos y disfrutar de las primeras y maravillosas vistas del día, como los famosos Picos de Europa a nuestra izquierda.

Una vez hecho esto, pensé que ya estábamos listos para volver a bajar con el mini bus por esas curvas asustadizas de la pista de esquí de Alto Campoo.

¡Hey no espera, que se nos va el bus! ¡Corred!

Espera un momento… ¿Por qué nadie corre, ni grita, ni persigue al bus?

Justo ahí me di cuenta de que la aventura no hacía más que empezar, y me dije…Me da a mí que no tienen pensado bajar en bus…”

Al parecer, nuestro cometido era hacer la cuerda de cinco cumbres, así que cogí mi mochila y me puse en marcha. ¡Ah no espera espera! Casi se me olvida, aunque no me habría importado pero… Antes de comenzar con nuestra excursión matutina, como había gente nueva, como yo, hicimos un corro para presentarnos. Fui de las primeras y menos mal que mi madre iba antes y me dio paso porque soy muy vergonzosa, pero aun así, había tan buen ambiente que me resultó fácil hablar. Al parecer había una parte que ya estaba programada y consistía en mencionar a David a toda costa.

En la presentación conocí a mucha gente, como a Rocío, una chica muy atenta y divertida, que llevaba en el club desde sus orígenes.

 

Comenzamos la marcha, y no tardamos mucho en proclamarnos reyes de la primera cumbre, llamada Cornón, situada a 2125 metros. Quico nos iba explicando cuáles eran los picos que íbamos viendo a lo lejos, así que con esto, alimentamos nuestro cerebro con un poco de lumbre y llegamos a la segunda cumbre. Bautizada como Bóveda, situada a 2067 m.

De la segunda a la tercera, llamada Cueto de la Horcada, a 2011 m, me fui fijando en el mar, el cual, nunca había visto desde lo alto de una montaña. Al hacer esta cumbre, me sentí muy bien por haber logrado mis tres primeras cumbres.

Continuando hacia la cuarta (Cuencagen o Cordela a 2053 m), descubrimos que la ruta comenzaba complicarse, ya que el camino desaparecía en varios  momentos y había que escalar por las rocas, pero pensé que eso lo haría más entretenido.

 

Llegamos a un punto en el que el camino se separaba en dos para posteriormente volver a unirse, lo cual se acabó haciendo bastante habitual, pero al ser la primera vez, David, Raúl y Quico se adelantaron para inspeccionar más a fondo el camino de la izquierda.  En un abrir y cerrar de ojos, el conocido como “hijo del mal” se había resbalado y había usado a Raúl como salvavidas, ya que de no ser por él, puede que no hubiese acabado tan bien la cosa. Los dos terminaron cayendo por la ladera, pero por suerte acabó en una herida no muy grave en el brazo de David. Aquella zona la bautizamos como “el paso de la muerte”.

Rápidamente curaron a David con el botiquín que llevaban, el cual nos hizo muy bien en aquel momento, así que pudimos llegar bien a la cuarta cumbre.

 

Al dirigirnos ya a la quinta y última cumbre, nombrada como Cueto de Iján, a 2055 m, yo creo que se nos hizo un poco más largo a todos, ya que al ser el camino más complejo que antes, teníamos que ir con más cuidado, porque nadie quería acabar como David claro… Así que íbamos con un ritmo más llevadero y relajado. Yo me entretenía hablando con Silvia, y más adelante, junto con Toño y Nuria, estuvimos hablando del yoga y de lo relajante que es y pensé…   Es parecido a esto ¿no? Al fin y al cabo también es relajante y hay que controlar la respiración en ciertos casos.

Al llegar al Cueto, estábamos todos bastante contentos así que lo celebramos con una gran foto, al igual que hicimos en los picos anteriores.

Por lo que yo sabía, las fotos de grupo las suele hacer Ramón. Pero esta vez estaba Toño allí que iba todo orgulloso con su nueva cámara con la hacía también alguna que otra foto.

¡ Y le quedaban muy bien! Gracias Toño J

Y a parte de la foto… Obviamente no podríamos olvidarnos del… CAARLOS MALTRAAAN, LO LO, LO LO, LO LO, LO LOOOOOO

 

Ya habiendo terminado nuestra primera meta, teníamos que ir a por la segunda, BAJAR. Pero antes había que comer, así que buscamos un sitio para comer con algo de sombra. En esta ruta no había árboles y el día era muy caluroso.

Todo el mundo llevaba comida super  rica, ¡hasta llevaron vino! Y lo sorprendente fue que la mayoría lo acabaron probando. A mí me preguntaron, pero según David y Pablo prefiero el calimocho ¿verdad? A Quico le prepararon un gran bocata de tortilla en el bar que desayunamos, pero con las prisas se lo dejó allí. Así que los compañeros compartieron su comida con él.

Bueno, yo estaba feliz con mi pedazo bocata con el que podríamos haber comido la mitad de nosotros, y Atho feliz con sus salchis.

 

Nada más terminar de comer, comenzamos a bajar, Atho se alejó y me adelante un poco para ver donde se había ido. Al parecer había encontrado un pequeño arroyo, el cual pensé que contenía un poco de magia, porque al instante de beber se convirtió en una cabra y empezó a correr y a saltar por la ladera. El pobre había pasado mucho calor y sed. Aunque gracias a Rubén que nos dio una botella de agua, pudo beber algo.

Por poco me desvío y sigo bajando por un camino equivocado, pero por suerte Quico me avisó y me dijo por dónde ir.

Desde entonces, creo que Atho me pegó un poco de su magia porque hasta llegar abajo me sentí imparable.

 

Cuando llegamos, lo primero que hicimos todos fue cambiarnos con la ropa limpia que dejamos en el mini bus.

Ana, otra de las Ojancas jóvenes que iba con nosotros, se había mareado, así que la di unos caramelos de fresa, y unos minutos después arrancamos de vuelta.

 

Poco después de salir, paramos a tomar algo en una terraza, y por allí cerca pasaba un río, y no íbamos a perder la oportunidad de darnos un pequeño baño ¿no?

Nos metimos unos cuantos para refrescarnos, y yo también aproveché. Además también cogimos unas cuantas moras que tenían muy buena pinta.        

 

Cuando terminamos, volvimos al mini bus en pos de volver a casa. En el viaje estuvimos comentando varios libros, entre ellos, uno que está leyendo ahora mamá, “Mal de altura”. CONCLUSIÓN: está mejor la peli. Aunque yo suelo preferir los libros a las películas, pero bueno… Me puse a leer mi libro y con eso pasé el viaje de vuelta. Tan sólo hicimos ya una parada, ya que Quico, David y Raúl habían dejado los coches cerca de allí.

 

Ha sido una experiencia inolvidable que espero poder repetir y os doy las gracias a todos y cada uno de vosotros por cada momento que pasasteis conmigo, lo cual al final me ayudó a comprender que…

 

                                    “Un poco de esfuerzo vale la pena por una sonrisa”