Peña Orniz, antesala de Pirineos

Estar distraído o ausente, sin enterarse de lo que ocurre alrededor. Esto es para el diccionario “estar en babia”. Añadámosle un poco de efecto relajante y aislante, unas verdes praderas y un aún joven río Sil, y ya tenemos el entorno de nuestra fabulosa excursión Ojanca por la comarca de Babia.

Olvidado el madrugón y con la posibilidad de lluvia acechando, salimos de La Cueta (1.442 m y población mas alta de la provincia de León), en el entorno del Parque Natural de Somiedo, 17 Ojancos ilusionados y dispuestos recorrer los casi 10 Km que nos separaban de nuestro objetivo.

Durante el camino algunos se entretenían charlando, otros en silencio, pero todos disfrutando de ese efecto mágico que tiene caminar por la montaña.

Atravesamos el río, varias praderas y pisamos piedras, muchas piedras, todo ello en una suave pendiente que al fin nos llevó a la ladera donde empezamos la corta (pero intensa) ascensión a Peña Orniz (2.191 m).

No sé si conquistamos la montaña, o fue ella quien nos conquistó, con esas maravillosas vistas desde la cima; picos y más picos, fotos y más fotos, risas y más risas y hambre…. ¡Qué hambre!

Tras la foto de familia, descendimos alentados por saber que era la hora de comer (Quesos, lomo, vino, chocolate, ya se sabe…) y sin entretenernos demasiado comenzamos el regreso.

Nos costó al principio dar con el camino: idas y venidas, un poco de niebla, y también de desconcierto (que si el track era de invierno, que si era de verano, que si era de entre-tiempo,..) por lo que decidimos bajar siguiendo el cauce del río (que a buen puerto nos llevaría).

Y efectivamente nos llevó, por otra bella vertiente, a nuestro destino, esta vez acompañados por una fina llovizna, que iba refrescando la hierba y nuestras botas.

Los sonidos del ganado y un mastín con cara de circunstancias, nos recibieron en La Cueta, con los deberes hechos y la satisfacción que iluminaba nuestras caras.

Ya sabéis cómo acaba esta historia; con risas, fotos y esas acostumbradas cervecitas en el bar del pueblo.

Algunos nos llevamos a casa en la mochila un estupendo día, otros preciosas fotos de saltamontes y mariposas, otros galletas con boletus de Babia y otros…. alguna piedra (o dos).

¿Qué tiene la montaña que tan locamente te engancha?

¿Serán sus bosques, sus pequeños habitantes, su paz o su aire especial?

Lo cierto es que cuando regreso de ella, ya estoy queriendo volver…

A las letras: Arancha y Rubén
A las fotos: Ramón, David F y otros

A los mapas: David Martín

Aquí las del Gran Ramón

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