Sierra de Béjar, de raquetada… ¡Nada!

RAQUETADA EN SIERRA DE BÉJAR

¡DE RAQUETADA, nada! – Eolo nos lo impidió.

La primavera se había adelantado invadiendo el espacio y el tiempo invernal con temperaturas en torno a los 25ºC. Esto hizo que nos temiéramos lo peor: que la nieve desapareciera de la Sierra de Béjar. ¡Y sucedió! Aún así (los ojancos nunca se rinden) confiábamos y deseábamos los últimos coletazos de Don invierno. Este se tomó “justa venganza” contra la atrevida primavera, trayéndonos abundante nieve allí donde queríamos.

Llegado el día “D”, fue Eolo, el dios de los vientos, quien nos desaconsejó con su ferocidad en forma de peligrosa ventisca realizar la raquetada.

Es ahora cuando Julio y “Climber”, nuestros apreciados guías locales, entran en escena. Ellos sabían, desde horas antes, de la imposibilidad o imprudencia que hubiera supuesto subir a La Covatilla, al Torreón/Calvitero o al Chancal de la Ceja. ¡Pero la salida ojanca no se iba a malograr!

El plan “B” de Ojanco se activó. Entre Julio y nuestros “maestres” David y Javi, nos prepararon una ruta alternativa más segura y más acorde con la climatología que nos esperaba:“De Candelario a El Cancho de la Muela” (ruta que está recogida en los itinerarios denominados “Por sendas y paredes”).

Comenzamos con lluvia, que presagiaba un día desapacible, por pistas forestales que pronto dejamos para introducirnos por senderos a media ladera entre robles, acebos y matorrales diversos. La lluvia, con la suave ascensión, pronto pasó a ser nieve y el viento de momento nos respetaba.

Alcanzamos La cueva de Don Jerónimo con sus murciélagos convertidos en chupiteles o carámbanos (lugar donde nació dicho paisano cuando sus padres huían en 1809 de las tropas francesas). Serpenteamos nuevos senderos, cruzando o saltando regatos, hasta alcanzar la Turbera de Navamuño. Aquí la ventisca, al estar más desprotegidos, nos obligó a embozarnos y a darnos cuenta de la acertada decisión de no haber subido a las cumbres.

Superada esta zona (antiguo glacial recubierto de sedimentos vegetales más o menos descompuestos), nos dirigimos a nuevas laderas que nos protegían del viento, entre pinos, robles, brezos y escobas. Pronto llegamos al siguiente objetivo, a “El Cancho de la Muela”, que da nombre a este recorrido y que destaca por sus enormes bloques de granito. Aunque ya había hambre en nuestras caras, se decide continuar el descenso buscando mejor abrigo hasta “Fuentesanta”. En este paraje, al lado del embalse de Navamuño o de Béjar, repusimos fuerzas, mezclando los afamados embutidos de Pililla y otras ricas viandas con el vino tintorro de Toro.

La climatología era ya mucho más agradable. Quizás por eso nuestros guías decidieron conducirnos por un continuo descenso, a través de la zona “El Cascanueces” y a la vera del río “Cuerpo de Hombre” hasta llegar a Candelario.

Según el artilugio chino que Ramón porta en su muñeca, habíamos completado un total de 27 176 pasos (ahí es nada) que equivalen a 18 516 metros. Lógicamente, este desgaste merecía ser reparado con unas rondas de cerveza u otros líquidos sabrosones.

Sobre las 18 h iniciamos el regreso y a las 20:15 estábamos desembarcados en el punto de partida, con luz diurna y pensando ya en la próxima “Ojancada”. ¡El día había merecido la pena!

P.D.: Algunos hablamos de proponer la repetición de esta salida para el calendario 2018, aunque

fuera en épocas sin nieve, y así intentar llegar a las cumbres programadas para poder

disfrutar de las vistas que hoy el tiempo nos negó.

GRACIAS OJANCOS

A las letras: Teodoro

A las fotos: Miguel

A los mapas: Chema